4 de septiembre de 1434 - Carta a Juan II sobre la embajada castellana al Concilio de Basilea

Resumen

Carta a Juan II sobre la embajada castellana al Concilio de Basilea

4 de septiembre de 1434

En el códice misceláneo Reserva 27 de la Biblioteca Nacional de Madrid (s. XV) se contiene, entre otros textos, una carta informativa al rey de Castilla, Juan II, a propósito de la llegada a su destino de la embajada castellana que tomó parte en el Concilio de Basilea hasta 1439. La redacción, que alguna vez se ha atribuido a Alfonso de Cartagena, es probable que se deba a Juan González de la Maina, maestrescuela de Sigüenza y secretario de la legación. Se recogen en este documento noticias que van desde los prolegómenos a la entrada de los castellanos en Basilea, el 26 de agosto de 1434, hasta el 4 de septiembre de 1434. En esta carta, además de asuntos de protocolo, se tocan algunos de los temas cruciales que se trataron en aquellos años: la tensión entre la potestad papal y la conciliar, la posibilidad de la unión de la iglesia occidental y la oriental en un concilio universal o el difícil equilibrio de fuerzas en los territorios de la iglesia en Italia. Se refiere también, con detalle, el debate habido entre castellanos e ingleses sobre la precedencia que había de corresponder a unos o a otros en las bancadas de la sede conciliar, tema sobre el que Alfonso García de Santa María elaboró un discurso en el que pone en liza argumentos de orden jurídico e histórico para defender la preeminencia de Castilla sobre Inglaterra. El texto de la carta fue parcialmente incorporado, con algunas modificaciones, a la Crónica de Juan II a partir de otro testimonio hoy perdido. El texto que se conserva en el manuscrito Reserva 27 es una copia tardía, a todas luces imperfecta, de la que fuera redacción original y más fidedigna de los primeros momentos de la embajada. Se ha optado por una transcripción conservadora, en la que se conservan casi todos los elementos gráficos de la copia, aunque uniformando su aspecto en cuestiones básicas (como la alternancia de u/v, i/j/y, con la excepción de algún nombre propio). Las palabras ‘commo’ y ‘muncho’ se transcriben por ‘como’ y ‘mucho’. Se puntúa, acentúa y usan mayúsculas de acuerdo a la norma actual. La separación de palabras y la puntuación pretenden aclarar un texto que a primera vista resulta algo confuso, pero sin alejarse en exceso de la construcción de los periodos en la copia cuatrocentista.

Transcripción

[fol. 69rb] Muy alto prínçipe, muy poderoso rey e señor:

 

¶ Muy omiles servidores e fechura de vuestra alteça, los vuestros enbaxadores en la enba[xada] presente supertos vesamos vuestras manos e con devida reverençia nos encomendamos en vuestra merçet, a la qual plega saber que llegamos a Lystar, dos leguas de aquí, lunes veinte e tres días de agosto, e luego ende no[s] fue enbiada la minuta de la seguridat que fue dada al conçillio e a los que a él veniesen, cuya copia enbiamos a vuestra señoría. E por nós vista, como quier que bien considerada non nos paresçió tan suficiente que conprehenda todo[s] los casos que podrían venir, e en que buena e conplida seguridat [fol. 69va] devía prov[e]er, pero por quanto fuemos enformados que todos los que aqueste conçilio fasta aquí han venido, e bien así enbaxadores de prínçipes como de otras personas se contentan con ella e non piden otro, non curamos de más insistir, ca non ay razón por que nós más devamos temer que los otros enbaxadores e personas de otras nasciones que aquí están, e acordamos de entrar sin poner en ello otra dificultad, e çerca de nuestra entrada e rescivimiento tóvose la manera seguiente:

¶ Aquel día que llegamos a Listar salió a nós el abad de Bonabola, que a vuestra alteza fue, e algunos de vuestros súbditos e naturales que aquí son, e otro día seguiente venieron a nos visitar los enbaxadores del conde de Armiñaq[ue], los quales son el obispo Bearense, que es natural de Gipuzcua, e un prior e otras personas, e dixiéronnos que avían mandado de su señor de atender a nós e fazer todas las cosas que a serviçio vuestro cunpliesen, allega[n]do los debdos que el conde ha con vuestra merçet antiguamente, e cómo desçiende de la vuestra casa real de los reys de León. E ofreçiéronse asaz e nós los respondimos segund nos paresçió que a la tal fabla devíamos responder. E en ese día enbió a nós el cardenal de Sant Pedro, vuestro servidor, a nos dezir quánto [fol. 69vb] placer avía de nuestra venida, e cómo él de buena voluntad veniera a nos ver, salvo por aquella çerimonia que tenía de guardar, segund sabíamos de su estado; pero si aquel nos oviésemo[s] de detener algund día, que nos pluguiera de salir al camino, e que él saliría a nos fablar. Respondímosle regraçiando su buena voluntad, pero pues que nós non entendíamos detener, que no era razonable que tomase este travajo nin veniese contra las çerimonias de su estado, e después que llegásemos nós le queríamos ver e fablar. E el miércoles seguiente venieron a nos visitar los enbaxadores del rey de Françia, los quales son tres arçobispos, Lugdiniense e Turanense e de Burges, e otros dos obispos, e propusieron bien cortésmente deziendo que el rey de Françia, su señor, les mandara que feziesen todas las cosas que fuesen a serviçio vuestro, ofreçiéndose mucho con palabras bien omildes e corteses, e nós les respondimos diziéndoles la buena afecçión que vuestra Señoría al rey de Françia tiene e regraçiándoles sus ofreçimientos, e ofreçiéndonos eso mesmo en lo que bueno e razonablemente pudiésemos, acatando a la antigua e buena consideraçión e amistança que de grand tiempo acá fue entre los seño[fol. 70ra]es reys vuestros predeçesores e los reys de Françia e es entre vuestra merçet e él. E el juebes seguiente partimos de Lyscar después de comer, por quanto aquí todos los resçivimientos solepnes se fasen [a] aquella ora, e en saliendo del lugar veno a nos resçevir la familia del cardenal de Sant Pedro, es a saber, el obispo de Viseu e su camarlengo, e Juan de Segovia, maestro en theología, con los otros de su casa, e el arçediano de Segovia, Frutos Monte, e los otros castellanos que aquí son. E el cardenal nos enbió dezir que los enbaxadores del rey de Inglaterra enbiaran a él a le noteficar que ellos querían enbiar su gente a nos resçevir, e que nos lo feziese saber por que se toviese manera que non oviese escándalo; e respondímosle que saliesen en ora buena si les pluguiese, que no veíamos razón alguna porque en esto deviese aver escándalo. E después desto salieron los enbaxadores del conde de Armeñaq[ue], e en pos dellos los del rey de Françia, e luego un monje procurador e enbaxador del rey de Aragón, e çerca dellos los enbaxadores del rey Luis e los del rey de Chipre, e la familia del cardenal de Chipre. E en un canpo a una legua de aquí poco más o menos nos resçivieron las familias de todos los cardenales e los enbaxadores de todos los prínçipes que aquí son llegados, algunos dellos por sí e otros juntos como se les acaesçía, deziendo sus palabras corteses segund se suelen dezir a los tales [fol. 70rb] reçivimientos e ofreçiéndose a vuestro serviçio, e nós respondíamosles segund nos paresçía conbenir a cada uno dellos segund los estados de los prínçipes que representavan e suyos. E después de todas las familias e enbaxadores llegaron los ingleses, e eran dos doctores e dos maestros nonbrados en la enbaxada, e con ellos fasta ochenta cavalgadas de sus señores, e dixiéronnos estas palabras en efecto: «Reverendos padres e honrrado cavallero e notables varones, los enbaxadores del muy católico prínçipe Enrique, rey de Inglaterra e de Françia, considerando dos cosas, la primera el gran debdo de sangre [que] entre él e el muy esclaresçido prínçipe el rey de Castilla e de León es; la segunda la congregaçión deste santo conçillio a quien todos venimos con deseo de unidat de paz, quisieran salir a vos resçivir, pero por ser ocupados de arduos negoçios non lo pudieron fazer e enbían a nós con algunos de sus familiares a vos resçivir, aconpañar e onrrar». Nós les respondimos generalmente, segund nos paresçió que se devía responder, e respondido[s] por nós arredráronse e non se allegaron a nosotros. E en fin de todos salieron los presidentes del Papa, que son el arçobispo de Toranço e el obispo de Padua, e con ellos el patriarca de Antiocha e otros perlados, e así todos juntos metiéronnos en la çibdat en esta [fol. 70va] manera: los presidentes levavan en medio a los primeros, e el patriarca de Antiocha e el patricarca de Aquileia e otros arçobispos e perlados llevavan a los otros segund la orden que vuestra merçet mandó dar en la nominaçión de vuestra enbaxada.

 

La ordenanza que en nuestra entrada tovimos fue esta: delante toda nuestra conpañía, fasta çinco o seis tiros de vallesta, ivan nuestras azémilas ordenadas una en pos de otra, e mezcladas e alternadas unas con otras segund nuestra orden, coviertas con los reposteros de las armas e señales de sus señores, de guisa que por todo el recuaje ivan alternadas las armas e colores. E las primeras de todas eran las azémilas de las camas, que han acá por cosa nueva, e en derredor dellas omnes de pie, vallesteros e lançeros con asaz número, cada uno çerca de la cama de su señor. E la gente de cavallo iva ordenada desta guisa. Luego delante ivan los harautes, primeramente el haraute Avanguarda solo, con una cota de vuestras armas reales; e delante él los persevantes Batalla e Buena fiesta. Batalla a la mano derecha, con una cota de las armas del vuestro condestable, e Buena fiesta a la mano ezquierda, con una cota de las armas del vuestro alférez. E [fol. 70vb] delante estos ivan nuestros pajes, por quanto non podieron ir en pos de nós por los muchos perlados que ende ivan. E delante los pajes los tronpetas, e delante los tronpetas los cavalleros, e dende adelante los otros gentiles omnes e escuderos de nuestra conpañía. E ivan todos de dos en dos, salvo el haraute Avanguarda, que por la preheminençia de vuestras armas reales iva solo si[n] llegar a él alguno; e en pos de nós ivan los clérigos de nuestra conpañía, preçediendo uno a otro, segund su estado. Los que nos venieron a resçevir tenían esta manera: llegavan a nos fablar, e después que nos avían fablado e nós a ellos respondido, apartávase toda su familia de los legos a la una mano e a la otra, de guisa que dexavan a los nuestros que delante ivan ir en su ordenança sin mudamiento alguno, e los perlados e personas eclesiásticas quedavan con nós e con los clérigos de nuestra conpañía segund su estado, de manera que los presidentes llevavan a los primeros de nós, e los patriarcas e arçobispos a los otros, e así entramos ordenadamente fasta la posada del protonotario, con quien çenamos este día.

Los que salieron a nos resçevir son estos: los camarlengos e familias de nuebe cardenales, e a saber: del cardenal de Sant Angelo e de Santa Cruz, que son legados, e de los cardenales [fol. 71ra] de Plasencia e de Boloña [sic] e de Chipre e de Roán e de Arlé e de Sant Pedro e de Fermo, e los enbaxadores del enperador de los romanos, e los del enperador de los griegos, los quales non solían salir a otros; e los del rey de Françia e el enperador e enbaxador del rey de Aragón e los del rey Luis, e los del Rey de Polonia, e los del rey de Chipre, e los del rey de Daçia, e los del rey de Escoçia, e los del duque de Bretaña, e los del duque de Borgoña, e los de los electores del Inperio, e los del duque de Saboya, e los del duque de Milán, e del conde de Armiñaq[ue], e los de la çibdat de Veneçia. Los perlados fueron los presidentes e los patriarcas de Antiocha e de Aquilelia [sic], e otros muchos perlados que no eran enbaxadores.

 

El viernes seguiente en la tarde començamos a visitar los cardenales e continuámoslo fasta el lunes, que fue todo el tienpo mester para visitar a cada uno en su posada, segund que es costunbre, e dimos las vuestras cartas [a] aquellos para quien las traíamos, e dixímosles de vuestra parte aquellas salutaçiones e buenos ofreçimientos e exortaçiones que segund el caso nos paresçía convenir. Todos ellos nos respondieron muy bien, ofreçiéndose e mostrando aver buena voluntad a vuestro serviçio e [fol. 71rb] que les plazía mucho de nuestra venida.

 

El lunes en la tarde partió el cardenal de Santa Cruz, e por ser persona muy notable e por la dignidad que tiene, e por ser llegado, salían con él todos los deste conçilio, así los cardenales como los enbaxadores, e nós fu[i]mos a salir con él, e acaesçió que quando llegamos era ya salido de su posada e iva por la calle, e todos con él, e ivan ende los enbaxadores de Françia e de Inglaterra. E paresçe que el conde de Morén, enbaxador de Inglaterra, avíase puesto delante los arçobispos enbaxadores de Françia e dexávalos en pos de sí. E como sentió el arçobispo Turonense que nós llegávamos, començó a se quexar deziendo que no se guardava allí la orden que devía, e quando esto dixo, començáronse a bolleçer e a fablar a altas bozes los unos e los otros, e entonçe nós pasamos adelante, e algunos de nós pusiéronse delante los de Françia e los de Inglaterra çerca de los cardenales, por quanto los françeses quedavan algund poco detrás, e para pasar los ingleses era nesçesario que quedasen los françeses. E el conde de Morén entonçe dexó el lugar donde estava e pasóse a la otra parte çerca de los cardenales. E el cardenal de Santa Cruz, sentiendo esto, bolvióse en la calle e dixo que rogava a todos que se tornasen, ca non consentería en alguna manera que fuesen con él, e por quitar escándalo feziéronlo así e non salieron con él si non el cardenal de Fermo e los presidentes e algunos perlados, e bolviéronse los cardenales de Sant Angelo e de Plasençia, e los ingleses con ellos por una calle, e los cardenales de Chipre e [fol. 71va] Sant Pedro e nós con ellos por otra. E por quanto los ingleses levavan armas, dende en adelante començaron los nuestros a traer armas, ca non las traían fasta en ese día, porque no es costunbre de las traer en esta çibdad. E el martes seguiente venieron a nós de parte de la çibdad e dixéronnos muy cortésmente que nos pluguiese demandar a nuestra gente que non traxiesen armas, ca ellos querían fazer pregón general sobre ello. Nós les respondimos declarándoles la buena e loable entençión porque vuestra alteza avía enbiado vuestros enbaxadores a este conçilio, la qual era por lo que conplía a serviçio de Dios e de la su universal iglesia, e non por mover escándalo alguno, e recontámosles lo pasado, e deziendo que éramos prestos a toda buena ordenança, con tanto que por todos se guardase igualmente. En otra manera, si algunos quisiesen escandalizar, que a nós era forçado e entendíamos tener aquella manera que fuese conplidera a vuestro serviçio e a guarda de nuestras onrras, e otro día fue pregonado que todos dexasen las armas, e hánse dexado e andan todos sin ellas fasta aquí.

 

Por quanto aquí cada miércoles se tiene congregaçión general, e si aquel día propusiéramos non paresçía que se fazía tanta solenidad para nos oír, pedimos que se feziese congregaçión general en otro día non acostunbrado, ca nos fue dicho que se feziera a los ingleses, e fízose así, e el jueves dos días deste mes fezieron congregaçión general e tóvose esta manera. Pero porque no paresçiesen [fol. 71vb] los lugares de los enbaxadores, mudaron las bancas en que los enbaxadores se solían asentar, e asentáronse en otra parte, e para nós pusieron una vanca a través faza el altar en que estávamos asentados todos nosotros solamente, e a la luenga pusieron dos vancas, una en que estava el secretario de vuestra enbaxada e los clérigos de nuestra conpañía, e otra de la otra parte en que estavan los cavalleros que con nós veníen, e non otro alguno, e los escuderos todos estavan levantados. E propuso el obispo de Cuenca largamente segund su tema e entençión que avía tomado, recontando en la fin lo nesçesario a vuestro serviçio segund lo acostunbrado en semejantes abtos, el qual lo fizo tan bien e graçiosa e copiosamente que todos fueron bien contentos. E leyóse vuestra carta mensajera por frey Juan de Torquemada en público a alta boz, primero en romançe, como venía, e después tornada en latín, de guisa que todos la entendieron. E acabada la propusiçión e leída la carta, el cardenal de Sant Angelo respondió que el santo conçilio loava mucho vuestra buena e santa entençión, e regraçiava mucho a vuestra [fol. 72ra] serenidat enbiar tan solene enbaxada, e avía grant plazer con nuestra venida, ca esperava en Dios ca della saliría mucho buen fruto e se siguiría mucho bien e cosas conplideras a serviçio de Dios e ensaltaçión de su santa fe e a bien de su iglesia universal e a buena reformaçión e pacificaçión de su pueblo cristiano. Acabado esto, nós salimos e luego se partieron los cardenales e todos de la congregaçión, ca non se fizo otro acto alguno en ello, salvo esta propusiçión, e así a la entrada de la iglesia como a la salida nos aconpañaron los enbaxadores de Françia e de Armiñaq[ue] e otros algunos perlados.

 

¶ Luego que aquí venimos fablamos con el cardenal de Sant Pedro largamente, e él nos enformó del estado de los negoçios e díxonos cómo se avía detenido e detenía por nuestra venida, ca él avía de guardar vuestro serviçio sobre todas las cosas, e que al tienpo que esta legaçía le fuera encargada e él le açetara, sienpre pusiera esta condiçión, que la açetava salvo si a vuestro serviçio conpliese que él aquí estoviese. Por ende, que viésemos en ello e le dixésemos lo que nos paresçía qu’él devía fazer. E nós respondímos[fol. 72rb]le que como quier que las causas de la legançia eran grandes, pero que nos pareçía que él se devía detener fasta que el lugar de nuestro asentamiento en vuestro nobre fuese declarado, ca sentíamos que los ingleses tratavan sobre ello con sus amigos. Respondió que le plazía, e ase detenido fasta aquí. E es así que los cardenales e los presidentes, cada uno por sí e todos juntos, nos han requerido por diversas vezes con muy grand instançia que dixésemos al cardenal que partiese, por quanto era e es muy neçesaria su ida, ca dizen que las tierras de la iglesia se entregarían a él en yendo, e non ay persona que esto tan bien pudiese fazer, lo uno por él en sí ser muy notable persona e bien quisto en aquella tierra; lo otro, porque era e es más sin sospecha que otro cardenal alguno, ca los otros son naturales de la iglesia, e sospéchanse dellos que tienen algunas afeçiones particulares. E después de muchas fablas nós les respondimos que nos paresçía que fasta que en vuestro nonbre nos encorporásemos que non era razonable que partiese, e quedó así fasta agora.

 

¶ Sobre el lugar de la sesión se comiença entre nós e los ingleses debate, ca ellos quieren tener el grado primero de la banca siniestra, segund tovieron en Costança, e que quede a nós el grado terçero de la vanca diestra, después del enperador e del rey de Françia; e nós dezimos que vuestra merçed deve preçeder al rey de Inglaterra. E [fol. 72va] si en la vanca diestra non estoviesen el enperador e el rey de Françia, a vuestra alteza perteneçía el grado primero della. Mas pues ende son enbaxadores de aquellos dos prínçipes, que a vuestra señoría pertenesçe el grado primero de la vanca siniestra; e como quier que en esto no es proçedido por escritura, pero de palabra, son ya pasadas fablas solepnes, así por nós en absençia dellos como por ellos en absençia nuestra e en presençia de los cardenales e presidentes, e son alegadas por vuestra parte muchas razones, así de derecho como de estorias, e respondido a lo que alegaron de Costançia e a todo lo otro en aquella forma que mejor nos paresçió, e está agora así pendiente, e non nos encorporamos nin entedemos encorporar fasta que sobre esto se tenga la manera que deve e entendiéremos ser serviçio vuestro. El cardenal de Sant Pedro ha mucho fablado e trabajado sobre ello con muy buena deligençia e ha traído e trae tanto quanto él puede a los cardenales e otros sus amigos, porque así en esto como en las otras cosas que ocurrieren se animen a vuestro serviçio.

 

¶ Segund lo que avemos oído, así en fablas generales que todos juntos ovimos como en lo que cada uno de nós fabla particularmente con algunos perlados e personas notables deste conçilio, sentimos que los que aquí son por la mayor parte atienden a dos diversos fines, ca algunos ay que pareçen guiar los fechos a fin que este conçilio dure gran tienpo; otros, al [fol. 72vb] contrario, querrían que aína se disolviese. El primero fin pareçe[n] querer todos los cardenales e algunos otros perlados. El segundo los dos presidentes del Papa e algunos otros; pero la mayor parte declina a lo primero. Por ende, en las congregaçiones generales e deputaçiones aquella vía se pareçe levar, e los otros, aunque lo fablan particularmente, pero non lo abren claramente en plaça, e muéstrase esto bien por el negoçio de los griegos, que es un fecho que requiere grand tienpo. E algunos querrían lo de suso, e más paréçenos que se llega a conclusión, e al presente está en los términos seguientes.

 

El conçilio ovo enbiado sus enbaxadores al enperador de Constantinopla sobre la reduçión de los griegos, e el enperador enbió aquí sus enbaxadores, los quales son dos cavalleros, que dizen que es el uno de su linaje, e un abad de la orden de San Basilio, que es orden muy estendida en aquella tierra, e es omne sabio. E después de muchas fablas que han pasado así en congregaçiones generales como con los deputados han llegado a este apuntamiento: que el enperador e patriarca de Costantinopla e otros perlados de la iglesia oriental vengan personalmente de aquí a çierto tienpo al conçilio a esta çibdad o otra que fuere acorda[fol. 73ra]do, e que sean fasta sieteçientas personas, e la iglesia oçidental que llamamos latina les enbíen galeas en que vengan e les faga la espensa. E dizen que seyendo así ayuntados será el conçilio de todo universal, como fueron los de los tienpos muy antiguos, e juntas amas iglesias, oçidental e oriental, esperan que con la ayuda de Dios se unirán con nós e se reduzirán a lo que deven. E para esto dizen que es mester que se distribuyan fasta ochenta o noventa mill ducados por la iglesia latina. Esto non es [a]ún decretado en sesión, mas tiénenlo apuntado e los cardenales nos lo dixeron, e por quanto su fabla fue por manera de notificaçión, sin concluir que nos pedían asenso nin consejo, respondímosles generalmente sin declinar aprobar esta vía nin a la contradezir.

 

¶ La causa porque lo cardenales de San Pedro e de Santa Cruz van a Italia son tres. La primera por tratar alguno más intrínsica reconçiliaçión del Papa con los del conçilio e acordar las maneras que se tengan, así por el Papa como por el conçilio en tanto que durare, e esto ha de fazer prinçipalmente el cardenal de Santa Cruz; e después de començado por él, segund la dispusiçión que en el Papa fallare, irá el cardenal de Sant Pedro a Florençia o no. La segunda es [fol. 73rb] a tratar paz entre el duque de Aquilán e los venesianos, la qual dizen que amos han voluntad, ca amas partes pagan la espensa destos legados, e eso mesmo a tratar paz entre otras comunidades e capitanes de Italia, e esto han de fazer amos cardenales. La terçera es a reçebir las tierras de la iglesia, de las quales algunas están ocupadas e algunas reveladas, e esto han de fazer el cardenal de Sant Pedro e el cardenal de Santa Cruz, e non se encarga dello aunque su poder a ello se estienda [sic], e a procurar liberaçión del cardenal sobrino del Papa. E dízese comúnmente aquí que muchas de las tierras le reçibirán llanamente e han voluntad de se dar a la iglesia, mas por las parçialidades e por los escándalos que han naçido e por el temor que han de los capitanes de Italia non lo osan fazer, mas creen que al cardenal de Sant Pedro, por ser bien quisto e porque es castellano e non natural de la tierra, que reçibirán más aína que a otra persona alguna. E muy alto prínçipe e muy poderoso rey e señor, Dios ensalçe e conserve vuestro muy alto e real estado a su santo serviçio. Escrita en Basilea a quatro de setienbre, año de xxxiiij.

 

¶ De la vuestra real magestad muy omil servidor A. Carrillo, sedis appostolicae prothonotarius.

¶ Muy omil fechura de vuestra alteza Alfonsus decanus conpostelanus [et] segobiensis.

[fol. 73va] ¶ Magestatis umiliter servitor fray Iohannis de Corrali, magister.

¶ Ad mandatum ambaxiatoris Iohannis vestrae magestatis secretarius.

¶ Umili[ter] quondam conquiensis.

¶ Criança e fechura de vuestra alteza Juan de Silva.

¶ Muy omil siervo de vuestra alteza Ludyvicus doctor.

¶ Vestrae magestatis umilis servitor prior provinçialis Espanie.

Notas al texto

Datos documentales y bibliográficos

  • Ubicación

    Biblioteca Nacional de España (BNE). Biblioteca Digital Hispánica.

  • Documento originalMadrid, BN, ms. Reserva 27, fols. 69rb-73va.
  • Descripción

    Carta a Juan II sobre la embajada castellana al Concilio de Basilea

  • Edición

    Juan Miguel Valero Moreno

  • Otras ediciones

    Antonio Paz y Mélia, «Carta dirigida al rey por los embajadores de España en el Concilio de Basilea», Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1 (1897), págs. 67-73; Tomás González Rolán y Pilar Saquero Suárez-Somonte, «La llegada de los embajadores castellanos al Concilio de Basilea: edición cotejada de sus fuentes principal y derivada», Homenaje al profesor Alfonso Martínez Díez, ed. Juan Antonio López Férez, Antonio López Fonseca, Marcos Martínez Hernández et alii, Madrid: Ediciones Clásicas, 2016, pp. 333-347. Véase, además, Crónica de Juan II de Castilla, Madrid: Imprenta de Rafael Marco y Viñas (Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, 100), 1891, págs. 392-399. Para la descripción e interpretación del manuscrito: Michel Garcia, «El delicado manejo de misceláneas: MS Res. 27 de la BNM», Bulletin of Spanish Studies, 81.7-8 (2004), págs. 913-926, y «Las colecciones misceláneas de principios del siglo xv: ¿una nueva manera de escribir la historia?», Incipit, 24 (2004), págs. 39-58; Philobiblon: BETA manid 27-36.

  • Cita
    Carta de a de 4 de septiembre de 1434, ed. Juan Miguel Valero Moreno, en Biblioteca Cartagena [<http://bibliotecacartagena.net/documentum/4-de-septiembre-de-1434-carta-a-juan-ii-sobre-la-embajada-castellana-al-concilio-de-basilea> Consulta: 08/03/2021].
    Citar este documento

Digitalizaciones de los originales