Goyri, Alfonso de Santa María

Resumen

Nicolás de Goyri, «Alfonso de Santa María», Apuntes para las biografías de algunos burgaleses célebres, Burgos: Imprenta de D. Timoteo Arnaiz, 1878, págs. 153-161.

 

El capítulo VI de los Apuntes de Nicolás de Goyri es un antecedente no reconocido de las obras cruciales (mucho más amplias y consistentes en su información y articulación) de dos ilustres burgaleses, la del Padre Serrano (1942), sobre los conversos Pablo de Santa María y Alfonso de Cartagena, y la del historiador y hebraísta Cantera Burgos (1952), sobre Alvar García de Santa María y su familia de conversos. Este apartado del libro de Goyri (VI, 141-170), que cubre los años de 1350 a 1499, se ocupa, en efecto, de las figuras de Pablo de Santa María, Gonzalo de Santa María, Alfonso de Santa María (o de Cartagena), Alvar-Sánchez de Santa María, Pedro Suárez, Alvar-García de Santa María, Alonso de Valladolid y Alonso de Burgos. En la lectura del capítulo en particular, y en su incardinación dentro del volumen en general, es posible apreciar los fuertes vínculos familiares y el papel destacado que unos y otros de sus miembros de este clan tuvieron en la vida local, así como su lugar eminente en la historia de Burgos, pero también su participación en la forja del reino de Castilla y sus relaciones internacionales.

Es cierto que la envergadura de las páginas que dedica Goyri a Alfonso de Cartagena es menor y, en esencia, lo que dice no pasa de, cierto, unos apuntes, que se delatan en un estilo casi telegráfico y en la dependencia de las fuentes que oportunamente cita. El Padre Serrano, que no desconocería este escrito (ni otros) es muy expeditivo con los antecedentes de su trabajo: «En mayor indigencia se hallaba [respecto a la biografía de Pablo de Santa María] la [biografía] de Alfonso de Cartagena, de quien no se ha escrito todavía vida alguna que pase de unas cuantas páginas no obstante se hayan ocupado de él los historiadores de la literatura española y una legión de bibliófilos, extendiéndose con verdadero interés sobre las obras de tan insigne escritor» (1942, 5-6). De entre aquella legión se limita a mencionar a Martínez Añíbarro, del que destaca su erudición, pero al que reprocha no dar «el menor resumen acerca del contenido doctrinal, histórico o literario» de sus obras (1942, 6). Poco se cuida Serrano, aunque haya leído a aquellos autores, de lo escrito antes por las fuentes en las que bebe Goyri, como son las obras de Nicolás Antonio (1696, 1788), Enrique Flórez (1771), José Amador de los Ríos (1865, 1875-1876), Bartolomé José Gallardo (1866) o Manuel Martínez y Sanz (1866, 1874).

No aporta en verdad nada nuevo Goyri, salvo el marco general en el que proyecta la figura de Cartagena y el arrimar el hombro a la difusión de la vida y obra de don Alfonso. En sus Apuntes se cuelan algunos deslices (que podrían imputarse, quizás, a los impresores, como la fecha errónea para el incunable del Oracional, el invento de una nueva obra, al escindir en dos la noticia del Duodenario que ya daba Flórez, o el citar a Bartolomé J. Gallardo como Bartolomé E. Gallardo). Pero sin duda lo más curioso que se encontrará en este breve relato es la atribución que, siguiendo al Padre Sarmiento y a Gallardo, hace de la autoría del Amadís a Alfonso de Cartagena, sobre la base (desacreditada) de que este fuera el poeta «Cartagena» del Cancionero general.

La fantástica (es decir, fantasiosa) noticia, la toma Goyri del Ensayo de Gallardo (II, 254). Ahí Gallardo, que dice coincidir con una atribución del «maestro Sarmiento», introduce de contrabando un excurso entre las notas bibliográficas referentes a los Cinco libros de Séneca de las ediciones de Toledo (1510) y Alcalá de Henares (1530), que nada tienen que ver con Amadís ni con el Cancionero general, y asevera: «Don Alonso García de Cartagena merece un lugar muy distinguido entre los ingenios españoles por una circunstancia muy plausible; ninguno, en mi concepto, reune tantas para ser autor del Amadís de Gaula». Siguen luego consideraciones que no cabe repetir y que parecen más broma que cosa de fundamento. El «maestro Sarmiento» ha de entenderse por el erudito benedictino Martín Sarmiento. Aunque don Marcelino Menéndez y Pelayo recomendó, sobre el «extravagante capricho» de Gallardo, no hacer caso de tal teoría, ni «perder el tiempo en refutarla»[1], permítaseme perder un poco del mío y del lector en remontarme a la mención del Padre Sarmiento.

Gayangos, en su Catálogo (1874, xxiv-xxv, n. 4)[2], advierte que «en varias de sus obras trata el padre Sarmiento del Amadís de Gaula, y en todas niega que sea obra de Vasco de Lobeira; pero donde mas se extiende es en cierto papel que escribió sobre el verdadero autor de dicho libro, y en otro, muy erudito, sobre la patria y escritos de Cervántes, uno y otro inéditos»; y continúa más adelante: «Unas veces quiere que Lobeira sea gallego, y no portugués; otras que el Amadís sea la narración verídica de las amorosas aventuras de un caballero gallego, natural de la Coruña, llamado Juan Fernandez de Andeira; cuándo se le atribuye á Vasco Perez de Camoens, poeta del siglo xiv, cuándo al canciller Ayala, y aun al obispo de Burgos, don Alonso de Cartagena»[3].

¿Dónde se encuentra la atribución a Cartagena, que ni Gayangos ni Menéndez y Pelayo despejan? No se halla, cuando trata de Amadís, en su más conocida obra de historia literaria, publicada póstuma, Memorias para la historia de la poesía y poetas españoles (Madrid: Joaquín Ibarra, 1775, 330-331). Sí, en cambio, en la obra a la que alude Gayangos sobre Cervantes, en un curiosísimo capítulo dedicado a Amadís, pero no en su cuerpo principal sino en un añadido o suplemento (pues antes de lo dicho en ese suplemento solo se consideran como posibles autores del texto castellano al canciller Pero López de Ayala o a Garci Rodríguez de Montalvo). La precaria hipótesis se sustenta, como en Gallardo, sobre la errónea identificación del poeta Cartagena con el obispo Alfonso de Cartagena[4]:

 

despues [de la pagina (*) 64 <(*) De la foliación del Ms. Bibl. Medina-Sidonia>] del párrafo 236. se deve añadir un Anecdoto de un Autor Anonimo, que ley en un Cancionero Ms. en coplas, y en Castellano, con el qual se podra provar que el Autor del Amadis de Gaula, ha sido D. Alonso de Cartagena, el famoso escritor del Doctrinal de Cavalleros. el codice Ms. es del tiempo de Fhelipe 2.º y el texto que esta [en] 121. es el Siguiente

Y el grande Cartagena se dispuso,

à loar grandemente à su Oriana

es cierto que la Dama ò como la Dulcinea que celebró mucho Amadis de Gaula, ha sido la Dama oriana.

294) sino es como he congeturado D. Pedro Lopez de Ayala el Chronista el Autor de la Novela de Amadis de Gaula, y oriana; seguramente, que lo havra sido el famoso Obispo [] Cartagena. y por ser Obispo no pondria su nombre temiendo le sucediese lo que al Obispo Heliodoro, que le condenaron en un Concilio porque escribió la Novela vulgar de los Amores de Theagenes y Clariquea.

 

Lo cierto es justo lo contrario, la conocida aversión de Alfonso de Cartagena por las obras de ficción caballeresca, los Tristanes, Lanzarotes y Amadises que, en su Epistola (1442) a Pedro Fernández de Velasco, I conde de Haro, considera nocivas para los nobles y de nula utilidad.

 

Salvo ocasional error he procurado realizar una transcripción escrupulosa del texto publicado con mínimos ajustes respectos a los usos tipográficos del mismo. La transcripción es manual y no se ha empleado ningún procedimiento de conversión electrónica.



[1] Menéndez y Pelayo, Marcelino, Antología de poetas líricos castellanos, Madrid: Librería de la Viuda de Hernando y Cía., 1896, VI, pág. ccxcvi.

[2] Gayangos, Pascual de, Catálogo de los libros de caballerías que hay en lengua castellana o portuguesa, hasta el año 1800, Madrid: M. Rivadeneyra, 1874.

[3] Cf. Menéndez y Pelayo, Marcelino, Orígenes de la novela, Madrid: Librería Editorial de Bailly-Balliére e Hijos, 1905, I, págs. ccxxi-ccxxii, n. 1.

[4] Sarmiento, Martín, Noticia de la verdadera patria (Alcalá) de él Miguel de Cervantes [1761], Barcelona: Librería de Álvaro Verdaguer, 1898, págs. 167-168.

Transcripción

[pág. 153]

Don Alfonso de Santa Maria[1], hijo y hermano, respectivamente, de los dos personages que anteceden [Pablo de Santa María y Gonzalo de Santa María], nació en Burgos en el año de 1384.

Dedicado al estudio de las letras, filosofia, cánones y derecho civil, llegó á ser un verdadero tesoro de instrucción[2].

El año 1420 es la primera fecha en que vemos figurar á este personage, despues de haberse hecho eclesiástico, ejerciendo los cargos de Dean de las Iglesias de Santiago y Segovia, nombrado por entonces [pág. 154] para hacer la concordia entre los Infantes D. Juan y D. Enrique[3].

El dia 2 de Enero de 1421, tomó posesion de una canongía en la Catedral de Burgos[4], y por este tiempo le designó el Rey para miembro de su Consejo, enviándole á Portugal como embajador, á fin de ajustar y firmar la trégua de veintinueve años que se pactó entre ambos Reinos.

En 1423, volvió á Lisboa para llevar á cabo las ratificaciones, y en 1424 fué allí, por tercera vez, á fin de terminar un arreglo sobre las indemnizaciones de aquella guerra.

En 9 de Abril de 1429, tomó posesion del cargo de Capiscol ó Chantre de la Catedral de Burgos, de cuya Iglesia era Canónigo, como dejamos dicho, hacia ya ocho años.

Habiendo fallecido en Basilea el Cardenal Obispo de Sigüenza, D. Alonso de Carrillo, fué nombrado nuestro burgalés para reemplazarle en aquel Concilio, con D. Alfonso de Isorna, Obispo de Cuenca, y Don Juan de Silva, Señor de Cifuentes. Mientras [pág. 155] estos iban en representacion de Castilla, D. Gonzalo, Obispo de Plasencia y hermano del que nos ocupa, desempeñaba igual encargo por parte del Reino de Aragon.

En 1435, estando D. Alfonso en aquel Concilio, como digimos arriba, renunció su padre el Obispado de Burgos, y el Rey D. Juan II, que tanto distinguió á esta familia, le presentó para reemplazarle en aquel cargo, habiendo sido confirmado en él por el Papa Eugenio IV, y tomado posesion de la Diócesis, por procuracion, el dia 10 de Octubre de citado año.

En el referido Concilio se dió á conocer, entre otras ocasiones, defendiendo con gran argumentacion y entusiasmo la precedencia de puesto de Castilla sobre los representantes de Inglaterra, haciendo prevalecer su opinion y dando motivo á que Eneas Silbio, —despues Pio II,—dijera de él, que era «Delicia de las Españas, honor de los Prelados, preclaro en su elocuencia y doctrina y sobresaliente en su sabiduria, consejo y elocuencia.»[5]

Despues que regresó de Basilea, recibió [pág. 156] del Rey el encargo de pasar á Logroño en busca de la Princesa Doña Blanca que casó con el Príncipe de Asturias; y en 1441, con ocasion de la discordia que nació entre los Reinos de Castilla y Navarra, fué nombrado Embajador para evitar la contienda entre ambos Estados.

Cuando en 1454 ocurrió en Valladolid el fallecimiento del Rey de Castilla, y fueron trasladados sus restos mortales al sepulcro que habian de ocupar en la Cartuja de Miraflores, salió nuestro Prelado á recibirles á Palenzuela, donde se hizo cargo de ellos y los condujo al sitio en que, merced á sus decididas instancias, logró ver construido el tan apreciado sepulcro que hoy conserva los restos de aquel Monarca.

En 1456 fué en romeria á Santiago de Galicia, y á su regreso, acometiéndole una grave enfermedad en Villasandino, dejó de existir el dia 23 de Julio del referido año, á los 71 de edad[6].

Grandes fueron las obras que durante su [pág. 157] Pontificado realizó D. Alfonso, ayudado por el Rey de Castilla, á quien merecia una gran consideracion, tanto por sus méritos personales, como por el recuerdo aun latente de lo que en la Corte habia influido su padre, el Gran Canciller, y aun contra la rivalidad del de Luna,—cuyo origen no tratamos de consignar,—obtuvo de su Soberano marcadas distinciones y muestras de deferencia[7].

Cierto es y muy patente, que el talento [pág. 158] de D. Alfonso, revelado por su pluma en partes y estilos distintos, fué mérito personal que le dió fama[8], y á esto hemos [pág. 159] de agregar, que no fué menor la que obtuvo por la eleccion que hizo de personas que [pág. 160] le rodeasen, las cuales elevaron mas, si era posible, el buen nombre de su maestro[9].

Citaremos uno de sus elogios, que confirma el aprecio que mereció á sus contemporaneos este distinguido burgalés, copiando para ello del cap. 243 de la «Crónica del Rey D. Juan II.» Dice: «fué este D. Alonso, tan gran letrado y tan señalado, que estando el Papa Eugenio en público Consistorio con todos los Cardenales, como le fuese dicho que el Obispo D. Alonso de Burgos iba á ir á hacerle reverencia, el Pontífice respondió: Por cierto que si el Obispo de Burgos en nuestra Córte viene, con [pág. 161] gran vergüenza nos asentaremos en la silla de San Pedro

Tambien á la muerte de este personage, escribió su admirador y amigo Fernan Perez de Guzman, una estensa poesia ensalzando sus cualidades y virtudes, con el titulo de «Coplas que fiso el noble Caballero Fernan Perez de Guzman, ssobre el transic del Reverendo P. D. Alfonso de Cartagena, Obispo de Burgos.»

 



[1] Fué mas conocido por el sobrenombre de Cartagena que se le dió á su padre segun hemos referido.

[2] El Sr. de los Rios en su «Hist. crítica de la lit. española», elogia su sabiduria, particularmente en el latin, al mismo tiempo que pondera sus grandes dotes como poeta castellano. Lo mismo refiere Hernando del Pulgar, en sus «Claros varones de España» tit. XXII.

[3] «Cron. de D. Juan», ya citada.

[4] El Sr. Martinez Sanz en su «Episc. de Burgos», dice, que en el archivo de su Catedral consta esto, en acta que allí se conserva. En este documento se le nombra Alfonso Garcia de Santa Maria, lo cual hace suponer que tomó el apellido de D. Garcia Alonso de Covarrubias, que fué quien administró el bautismo á toda la familia; y aquella misma circunstancia se observa en D. Gonzalo, como dejamos anotado.

[5] En este Concilio, se le conoció por el Burgense.

Durante el tiempo que estuvo en Basilea, escribió un Diario que tituló «Tratado de las sesiones», cuyo original, que obra en el archivo de la Catedral de Burgos, trata del triunfo de sus argumentos en el incidente de la precedencia de puesto contra Inglaterra.

[6] En un magnífico sepulcro que, en medio de la Capilla de la Visitacion de la Catedral de Burgos, contiene los restos de este Prelado, —el cual fué construido antes de 1449, segun el Señor Martinez Sanz en su «Hist. de la Catedral»,— puede leerse en gruesos caractéres góticos, la inscripcion que sigue:

«Dilectus Deo et hominibus cujus memoria in venedictione est.»

[7] La rivalidad entre este personage y D. Alvaro de Luna, no pudo ser mayor. El Señor de los Rios en su «Historia de los judios de Esp. y Port.» la analiza y emite un juicio un tanto severo para el Obispo de Burgos.

A pesar de la oposicion que, por causas que pudieran ser de una emulacion mal entendida, hallaba D. Alfonso en el privado de D. Juan II, logró obtener de este los recursos y seguridades convenientes para llevar á cabo la construccion de la célebre Cartuja de Miraflores.

Además, á este Obispo debió Burgos la terminacion del ya demolido Convento de San Pablo y del arruinado de San Juan de Ortega, para cuyas obras dejó su padre, D. Pablo, órdenes y caudales.

Pero, la obra que verdaderamente llama la atencion y que tomó á su cargo este Prelado, fué la ejecucion de las dos torres ó capiteles que sobre la Catedral de Burgos son hoy admiracion del mundo, por su arquitectura y elegancia.

Fueron tambien fundaciones de este Obispo, el Convento de San Ildefonso en Burgos y la Capilla de la Catedral en donde eligió su enterramiento en 1440, la cual dotó espléndidamente, contribuyendo además á la fábrica del Convento de la Merced.

[8] El autor del «Valerio de las historias», Diego Rodriguez de Almella, camarero que fué de este Obispo, consigna el catálogo de sus obras, citando como principales, las que siguen:

«Memoriales de virtudes», que existe en el Escorial,—dedicada al Rey de Portugal D. Duarte, impreso en 1635.

«Defensorium fidei

«Doctrinal de Caballeros»; del cual se hicieron dos ediciones en Burgos, en 1487 y 1497.

«Duodenario.»

«Sobre doce cuestiones.»

«Declinaciones sobre la traslacion de las Ethicas.»

«Conflatorium.[»]

«Oracional de Fernan Perez de Guzman», al cual le llamó asi, por contestar en él á algunas cuestiones que este presentó al Obispo de Burgos, el cual, escrito en 1454, se publicó en Murcia en 1667. [sic]

Hizo tambien dos tratados; uno, sobre el «Asentamiento de las sillas, contra el Rey de Inglaterra», y otro de «Como las conquistas de Canarias e todas las ciudades e villas e lugares de la provincia de Tanjar con Fez e Marruecos pertenescen al Rey de Castilla e no al Rey de Portugal.»

Compuso tambien una, «Apologia sobre el Psalmo Judicame Deus etc.» y otras «Devotas escrituras.»

Hizo además, una Genealogia de los Reyes de España, que comienza en Atanarico y concluye en D. Enrique IV de Castilla y Leon, la cual segun el Sr. de los Rios, en su «Hist. crit. de la lit. española» fué traducida al castellano por Juan Villafuerte y Fernan Perez de Guzman.

Esta obra se publicó con el título de «Anacephaleosis rerum hispaniæ» en el Tomo II de la «España Ilustrada» de Scoto y en otra edición de Granada, el año de 1545.

Asimismo escribió y fue impreso en 1501, un tratado con [pág. 159] el título de «Tulio de officiis y de senectute» en romance, el cual se hallaba manuscrito en la Biblioteca del Escorial.

No es menos digno de considerarse el «Libro de Ciceron que se llama la Retórica trasladado al romance por el muy Reverendo Alonso de Cartagena Obispo de Burgos, á instancia del muy esclarecido Príncipe D. Duarte, Rey de Portugal», del cual se halla tambien un ejemplar en dicha Biblioteca.

La proposicion que hizo este Obispo contra Inglaterra en el concilio de Basilea, sobre la precedencia de asientos se encuentra tambien manuscrita en la Biblioteca Nacional de Madrid, y segun en ella se dice, fué puesta en romance por su autor «á ruego de D. Juan de Silva, Alferez Mayor del Rey.»

Aunque Rodriguez de Almella en su «Valerio», afirma que este Obispo de Burgos tradujo Doce libros de Séneca, los autores que hemos consultado solo hablan de cinco de ellos expresándose de esta manera D. Bartolomé E. [sic] Gallardo: «En 1491 se imprimieron en Sevilla los cinco libros de Séneca que escribió este Prelado y tratan: el 1º de la Vida Bienaventurada: el 2º de las Siete artes liberales: el 3º de Amonestaciones y Doctrinas: el 4º, es primero de Providencia de Dios: y el 5º, segundo del anterior. Se hicieron nuevas ediciones de esta obra; en Toledo en 1510; en Alcalá de Henares en 1530; y en Amberes en 1548.»

El Maestro Sarmiento, cree que D. Alfonso de Cartagena, fué el autor de la famosa y conocida obra «Amadis de Gaula», y el Sr. Gallardo, de cuya erudicion en el asunto no puede dudarse, se inclina á creerlo asi, diciendo que en su opinion ninguno reune tantas circunstancias para ser su autor.

Dicho Señor, en el catálogo de manuscritos [de] la Biblioteca Nacional de Madrid, trae de D. Alfonso, los que siguen:

«Anacephaleosis ó Compendio de la Historia de España. Por un anónimo.»

«Defensorium unitatis Christianæ

«Genealogia regum Hispanorum

«Los libros de Séneca. De la vida Bienaventurada.—Traducidos.»

«Traduccion de los Oficios y Tratado de senectute de Ciceron.»=Año de 1422; y

El «Oracionario.»

Además de estas obras, cita el Sr. D. José Amador de los Rios, otra que este célebre burgalés publicó, y era la traduccion de un libro de Séneca con el título de «Los remedios de los contrarios de fortuna»: y para terminar esta prolija enumeracion, añadiremos que segun el Sr. Martinez Sanz, se conservan en el archivo de la Catedral de Burgos, el «Discurso sobre la ley Gallus», compuesto por este personage, además de una «Serie de los Obispos de Burgos[»], que fué su última obra, terminada en 1456.

[9] Tuvo por familiares á San Juan de Sahagun, D. Juan de Coca, que fué Obispo de Calahorra, D. Diego Rodriguez de Almella, historiador ya citado y Arcipreste de Santibañez, y el célebre Obispo de Palencia, D. Alfonso de Burgos.

Notas al texto

Datos documentales y bibliográficos

  • Ubicación

    Valladolid, Biblioteca de Castilla y León

  • Documento originalGoyri, Nicolás de, «Alfonso de Santa María», Apuntes para las biografías de algunos burgaleses célebres, Burgos: Imprenta de D. Timoteo Arnaiz, 1878, págs. 153-161. Valladolid, Biblioteca de Castilla y León, g-14626
  • Descripción

    Nicolás de Goyri, Alfonso de Santa María

  • Edición

    Juan Miguel Valero Moreno

  • Otra bibliografía citada FLÓREZ 1771
  • Cita
    Carta de a de , ed. Juan Miguel Valero Moreno, en Biblioteca Cartagena [<http://bibliotecacartagena.net/documentum/goyri-alfonso-de-santa-maria> Consulta: 25/11/2020].
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